Más de 10 mil niños trabajan en Morelos vendiendo chicles, limpiando parabrisas, haciendo actos de faquirismo, pidiendo limosna o como franeleros; muchos de ellos forzados por sus padres, tutores o líderes de pandillas, y bajo los influjos de alguna droga.
De acuerdo con una investigación conjunta de las comisiones de Derechos Humanos nacional y de Morelos, muchos menores empiezan a trabajar a la edad de 8 años y cumplen jornadas que inician a las 9:00 horas y se prolongan hasta las 23:00, para obtener entre 100 y 300 pesos.
“Tenemos niños menores de nueve años ya laborando (...). El censo ha sido lo más difícil, ni siquiera el DIF o las autoridades del municipio tienen eso, es una población flotante”, dijo Lucero Benítez Villaseñor, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos.
En Morelos, los niños que se dedican a trabajar comienzan, en promedio, a la edad de ocho años, refleja una investigación hecha por la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos (CDHEM), en coordinación con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
Según las cifras, en Morelos podría haber más de 10 mil niños que trabajan en las calles; sin embargo, la cifra podría ser superior, pues esta población se mueve constantemente.
De acuerdo con la presidenta de la CDHEM, Lucero Benítez Villaseñor, la mayoría de los niños que trabajan en las calles lo hacen bajo el influjo de drogas, casi siempre solventes, que utilizan para no sentir hambre, dolores y para mitigar enfermedades. El problema es que algunas de estas drogas son incluso suministradas por las propias madres para que las dejen trabajar.
“La gran problemática es que tenemos niños menores de nueve años ya laborando (...) El censo ha sido lo más difícil, ni siquiera el DIF o las autoridades del municipio tienen eso, es una población flotante”.
Las cifras son fluctuantes, pues a ellas hay que sumarle los bebés que nacen y disminuir las muertes prematuras.
Las horas diarias que laboran estos niños en las calles son de más de ocho, pues en promedio permanecen en los “sitios de trabajo”, desde las 9:00 horas y suelen irse a sus casas o “guaridas” hasta las 23:00
Este estudio, que se realizó hace un año en la capital de Morelos, refleja que la situacion es grave y compleja, difícil de resolver y controlar.
“Es una situación muy grave, en la que las autoridades cierran los ojos (...) La sociedad siente tanta pena, que paga sus culpas dando dinero”, advirtió.
Darles un peso o una moneda es una forma de alentarlos, de fomentar el trabajo en las calles, y que cada vez haya más gente; no solo niños, sino adultos mayores y amas de casa.
SUFRIMIENTO
De acuerdo con datos de la investigación, también son explotados los menores con discapacidades. Primero por ser un grupo vulnerable y segundo para causar más lástima a la población.
“Se generó una problemática ya muy grave porque estamos victimizando doblemente a un menor (...) Se viola la ley por ser un niño discapacitado, y además explotado, se está incurriendo en un delito”.
Durante los recorridos que el personal de las comisiones de derechos realizó se detectó que los niños trabajan en su mayoría en bares, giros rojos, como franeleros, payasos, limpiaparabrisas, o en lugares donde hay trata de personas; las niñas son forzadas a ser explotadas sexualmente o vendidas para trabajo doméstico.
En promedio, los menores dijeron ganar al día 100 pesos, y agregaron no buscarse un empleo “formal” porque sacarían menos ingresos que en la vía pública.
“A veces, ellos tienen más que un salario mínimo (...) Si se salen de las calles, no encontrarán dónde ganar ese sueldo. Son niños que no tienen un grado escolar”.
Para poder ganar más dinero, los niños que trabajan en la vía pública tienen que diversificar lo que hacen y cómo lo hacen.
Si ven que uno de los contrarios hace un truco mejor, tratan de hacerlo más extremo para ganar más dinero. Es así como llegan a las calles los faquires, lanzallamas y otros grupos de chicos que arriesgan la vida por unas monedas.
“Si este se sube a un palo, yo hago maromas o lo hago con fuego, uso vidrios; ya no nada más es el clásico que te limpia el vidrio”.
Aunado a ello, la mayoría son explotados por los propios padres o por un líder que los “regentea” y les cobra una cantidad diaria por estar en la calle.
Incluso, se tienen detectados vehículos que los llevan a los puntos de trabajo, los dejan laborando, regresan por ellos al terminar “la jornada” y los llevan a donde duermen, aseguró.
La mayoría de ellos escapó de sus casas al registrarse violencia intrafamiliar, y adoptan como su familia a los demás niños que conviven con ellos.
PELEAN TERRITORIOS
Debido al alto número de menores que sale a trabajar a las calles, los semáforos, las esquinas, isletas y camellones son un territorio codiciado.
En cada uno de estos sitios es común ver a cinco o más pequeños trabajando, señala la funcionaria.
El “lugar de trabajo” es defendido de otros grupos que intentan entrar a ocuparlo, o a despojarlos.
“El territorio es defendido a matar; moverlos les implica a las autoridades generar un conflicto con el líder que tienen. Lo dejaron crecer (las autoridades) y ahorita ya no hay una política pública que ayude a que esto se pueda disminuir, ninguna autoridad le quiere entrar”.
Explicó que autoridades como el DIF se han hecho a un lado al justificar que tienen espacios para poder albergarlos, pero que los niños no quieren salir de la calle.
DDM solicitó información con autoridades del Sistema DIF Morelos para conocer sobre los programas para combatir el trabajo y la explotación infantil; sin embargo, se negaron a dar declaración debido a que la semana pasada hubo un cambio de titular en la Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia.
INSTALADOS EN GUARIDAS
La mayoría de estos niños viven en grupos y duermen en guaridas o viviendas en donde no nada más están ellos, sino los hijos de los que ya son adolescentes.
“Vemos que, por ejemplo, hay niñas de 14 o 15 años que traen un bebé, del cual no saben ni quién es el papá”.
La observación de estos grupos los ha llevado a percatarse de que la mayoría de estos menores establecen residencia en colonias como Satélite y Universo, en sitios en donde es muy alto el índice delictivo.
“Ahí ya se formaron focos rojos, de gente que se ha ido asentando y ha formado una franja de una población difícil en donde a veces ni la Policía quiere entrar”.
Para la titular de la CDHEM, sacar a los niños de las calles es una situación difícil. La mayoría de ellos están acostumbrados a ganar dinero, y llevarlos a albergues significa dejar de percibir ese capital, lo cual lo hace casi imposible.
“Durante las visitas les dijimos que se fueran a un albergue y ellos nos decían “Bueno, pues, tú dame lo que gano en la calle y me voy a tu albergue”.
ENFERMEDADES Y MUERTE
Entre los niños de la calle se registra mortandad a temprana edad.
Las enfermedades que más los aquejan y que, en ocasiones, les ocasionan la muerte son neumonía, infecciones gastrointestinales graves por el agua que consumen, herpes de piel, anemia, descamación del cuero cabelludo, cáncer, enfermedades crónicodegenerativas, problemas de esquizofrenia, mongolismo e incluso VIH.
Dichos padecimientos son casi imposibles de curar, pues los menores no tienen acceso a un hospital o a seguridad social, por lo que se agravan y fallecen.
Otro problema grave entre la población infantil que está en las calles es la adicción a las drogas o el uso de combustibles al hacer su trabajo, como el de los tragafuego.
“La gente los ve y dice, a estos niños no les pasa nada (...) pero realmente fallecen en forma muy cruel”.
La mortandad entre ellos es muy alta pues, expresó, hay menores que a los 8 o 9 años ya tienen anemia severa.
“Se quedan en las calles y los levanta el Semefo. Muchos de ellos a veces no son ni demandados, no los buscan, no hay quién los reclame, terminan en la fosa común”.
BLANCO DE LA DELINCUENCIA
Debido a lo fácil que es ganar dinero cometiendo delitos, muchos de los niños y adolescentes están siendo presa fácil de la delincuencia.
“Tienen 16 años y ya han asaltado un Oxxo, ya han robado varias veces a casa habitación (...) Muchos son menores de edad”.
Mencionó que por la forma de vida que llevan, este tipo de menores de edad no tienen temor por las reglas, por la vida, pues han sufrido tanto que prefieren arriesgarse.
De acuerdo con lo observado, muchos de ellos sirven de hampones de grupos delictivos, pues son escogidos para servir de vigilantes, informantes y pasar datos sencillos.
UN GRANITO DE ARENA
Aunque mínima, en algunas ferreteras iniciaron ya una lucha para evitar que los menores de la calle se droguen.
De acuerdo con Javier, empleado de la ferretería “El Gallito”, en dicho establecimiento sólo se venden solventes, pegamentos y lijas a personas con identificación.
“A los niños nunca les damos”.
Javier aseguró que ellos cuentan con una bitácora en la que anotan el nombre del comprador, la edad, los artículos que compra y para qué serán utilizados.
CRITICA CDHEM AL DIF POR FALTA DE SOLUCIONES
La presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos (CDHEM), Lucero Benítez Villaseñor, criticó la actuación de autoridades del Sistema DIF y de los cuerpos de seguridad para detener el problema de niños que trabajan en las calles.
Señaló que las autoridades de todos los sectores y los rubros tienen que trabajar de manera coordinada y, desde su lugar, hacer lo que les corresponde para responsabilizarse por las personas en situación de calle.
“Deben seguir con los programas que se tienen ya de parte del DIF, volverlos a arrancar. Muchos de los programas que se tienen ya nada más están en el olvido”, indicó.
Detalló que hace algunos años existía un programa para recuperar a niños de la calle y llevarlos a albergues, sin embargo, se dejó perder y hoy ya no funciona.
“Pero a veces nada más es para la foto, para el incio y el arranque y todo se ve bien”, denunció.
La presidenta del organismo aseguró que también es necesario que los legisladores proporcionen más recursos a las áreas encargadas de atender este problema y a las organizaciones que se dedican a rescatar a menores que laboran en la vía pública.
Llamó a las autoridades encargadas de la impartición de justicia a quitarle el gran negocio a los principales dirigentes que explotan a niños y les cobran cuotas por dejarlos conseguir dinero.
“Que ellos vean que éste es un delito, y con penas más grandes, para que cuando los detengan y los aprehendan sean sancionados conforme a la ley”, propuso.
Benítez Villaseñor dijo que ése es el reto, pues cuando se den cuenta de que hay sanciones severas y que se cumplen y respetan de acuerdo con el Código Penal, no se atreverán a repetirlo.
“Si nosotros ayudamos a que la Procuraduría General de Justicia (PGJ) vemos que lo que está sucediendo es un delito, entonces que se aplique la ley penal como debe ser, que verdaderamente se detenga a estos fulanos que corrompen a los menores.”
EXPLOTACIÓN INFANTIL SINÓNIMO DE DELINCUENCIA
La explotación laboral infantil se ha convertido en una de las principales preocupaciones sociales, pues impedir que los niños se desarrollen a través del estudio los lleva a que intenten ganarse la vida de manera más fácil.
“Una de las principales causas por las que ha crecido el trabajo infantil es la situación económica y la mala repartición de la riqueza. Esto repercute en que no haya empleo y que existan comunidades con extrema pobreza”, señaló el sociólogo y académico de la Universidad Pedagógica Nacional Juan de Dios Arellano Núñez.
Los niños son un blanco fácil de personas que se dedican a explotarlos, pero también de la ignorancia de sus padres. Las afectaciones más delicadas que puede ocasionar este problema social, es que las filas de la delincuencia se engrosen con mayor facilidad.
“Sabemos que hay jóvenes de 14 y 15 años que ya se están desempeñando como vendedores de drogas, por el solo hecho de conseguir dinero fácil, auto de lujo, entre otras cosas”, señaló el académico.
Y es que, si se detiene la creación de empleos bien remunerados, en algunos casos, los padres se ven en la desesperación de enviar a sus hijos a trabajar, en lugar de que acudan a la escuela. Pero también se da el caso de padres que ven a sus hijos como una opción de ingreso sin esfuerzo, e incluso llegan a tener varios niños para así mantenerse.
“Por naturaleza un padre no arriesga a su hijo a una serie de actividades que son peligrosas, pero toman esta decisión cuando están en una situación desesperada, sobre todo cuando los padres no tienen una formación académica y se les dificulta conseguir un empleo”, subrayó.
El sociólogo consideró que si no existe una forma de revertir el trabajo infantil, las autoridades deberían crear acciones para que a los menores se les otorgue el mínimo de seguridad social. Especialmente aquellas empresas transnacionales que emplean a menores en actividades como empacadores o incluso a los niños que se desempeñan como jornaleros.
En concreto, Arellano Núñez aseguró que el país requiere la generación de empleos, sobre todo en comunidades rurales para evitar la migración de personas; así como el aumento del presupuesto para edificar más escuelas, pues las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revela que uno de cada seis niños en México trabaja, y que de cada 100 niños que inician la primaria sólo cinco logran terminar la universidad.
“También es importante crear una cultura laboral en ese sentido, pues de los males el menor, es decir, como no se puede impedir que un niño trabaje, que por lo menos, a través de los sindicatos o la Secretaría de Trabajo, se les brinden las garantías mínimas”, concluyó.
EN LA CALLE PERDÍ MI NOMBRE
Nunca ha ido a la escuela, no sabe escribir, dice tener 13 años y desde hace 5 tiene que trabajar en la calle y pagar una cuota para poder laborar y medio comer.
Es conocido como “El Peluche” y declara que desde que tiene uso de razón, su vida ha sido pedir limosna y trabajar; primero obligado por su mamá, después por su “segunda familia”, compuesta por más niños de la calle quienes, como él, viven en guaridas o sitios abandonados.
Sentado en la banqueta de una conocida avenida de Cuernavaca a las 9:00 de la noche y con la condición de no sacarle fotografías, el adolescente narró que desde pequeño su mamá lo obligaba a él y a sus tres hermanos a caminar desde su vivienda y abordar varios carros hasta Xoxocotla, en Puente de Ixtla.
“Nos subía sin comer, nos vestía con la ropa toda mugrosa y tampoco nos dejaba tomar algo. Nosotros estábamos bien morritos y veníamos jugando; nos traía a Cuerna a pedir limosna y a dar lástima a las gentes”.
Mientras caían gotas de lluvia, “El Peluche” recordó que en esa época su mamá les daba unas pastillas blancas cuando aún venían en el camión; minutos después, él y sus hermanitos comenzaban a dormirse.
“Se nos cerraban los ojos, la jefa nos daba algo, nos quedabamos bien jetones; a veces a alguno no le daba pastillas y era como ayudábamos a pedir limosna ahí en la Catedral. Los labios se nos partían, teníamos hambre, pero nos teníamos que aguantar, decía que estabamos enfermos”.
El más grande de sus hermanos, un día, abandonó la vivienda que rentaban; desde entonces no lo ha vuelto a ver.
Para entonces su madre, de quien reusó a dar el nombre, vivía con otro señor que los golpeaba y obligaba a salir a trabajar para mantener su vicio: el alcohol.
“La mera neta, me cansé de que me estuviera chingando, y seguí los pasos de mi carnaval; me quedé con otros morros que conocía y me dieron chance”.
A las 9:30 de la noche no ha comido todavía, pero lleva en el pantalón 300 pesos que servirán para el líder de la pandilla, las manos las tiene sucias y no se ha bañado en varios días.
Mientras se ve las manos y clava la mirada en el piso, comenta que ha trabajado en muchos lados, vendiendo en los cruceros, limpiando parabrisas, haciendo malabares, cuidando carros, en un bar.
“Hay un resto que se han ido a otros lados, otros colgaron los tenis, siempre buscamos cambiar de lugar para trabajar, y el territorio se defiende con todo de los demás”.
Dice que en la calle perdió su nombre; de su familia no quiere acordarse y comenta que la vida es difícil, pero añade que el dinero es fácil, al igual que las chicas; de las drogas ha probado la marihuana y los solventes, desde hace tiempo.
“¿Que si me voy a un albergue?, nel, en la calle gano mi dinero, es mi forma de vida, no sé hacer otra cosa, no hay reglas, además es más chido; hay un buen de banda que se preocupa por tí y no te dejan solo”.
Al preguntar la hora, “El Peluche” se levanta, se despide, se atraviesa y se apura a correr calle abajo; mientras se pierde en la oscuridad en medio de los pocos carros que circulan.
TRABAJO DESDE LA PRIMARIA
Aunque es pequeño de edad y de estatura, ya sabe lo que es ganarse el dinero. “El Charlie” ha tenido que trabajar desde que iba a la primaria.
No terminó el tercer año y viene de Guerrero junto con sus primos y familiares, quienes viven en un cuarto de un hotel.
El pequeño se gana la vida vendiendo chicles y dulces en la calle. Cuando le va bien saca unos 100 pesos que tiene que utilizar para darle a su familiares, para que se compre la comida y se pague la renta.
“Mis papás sabían que me iba a venir a trabajar”. Tímido al hablar, con voz muy quedita y siempre acomodando sus dulces en la cajita, comenta que a veces no come como quisiera o lo que se le antoja; casi siempre son tortillas con chile.
“A veces se me antoja un taco con carne, unos chicharrones, helados; pero no puedo porque tengo que entregar el dinero”.
Sus familiares y primos lo han orientado para que venda, le enseñan los precios, le dan la mercancía que tiene que vender y, si no lo hace, a veces lo regañan.
“Pues si me dicen cosas, me han pegado, pero no tengo a dónde ir, son los que conozco aquí”.
DESCONOCEN INFANTILES SUS DERECHOS HUMANOS
El derecho a ser protegido contra toda clase de explotación económica es desconocido por la mayoría de los niños y jóvenes de Jiutepec que fueron encuestados por personal de la Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia municipal.
La dependencia realiza un programa piloto con el objetivo de obtener un diagnóstico sobre el conocimiento de los derechos de los niños, niñas y adolescentes.
La Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia de Jiutepec, a cargo de Gabriel Pérez Casillas, realiza, en coordinación con una universidad privada del estado, encuestas a estudiantes de secundarias del municipio para detectar el grado de conocimiento de sus derechos.
Los encuestados son adolescentes considerados como líderes en sus grupos.
El objetivo de indagar sobre el conocimiento de los derechos de los niños es promover talleres para informar y auxiliar a los menores para que aprendan a cuidarse.
También se busca evitar que los menores sean explotados laboral y sexualmente, impedir que sean dañados física, psicológica, moral y socialmente.
en las calles
Alrededor de 12 niños de entre 8 y 14 años son obligados a trabajar en diferentes cruceros del municipio para ganar el sustento diario.
La cifra la obtuvieron autoridades del DIF municipal mediante un censo.
A pesar de que la dependencia ofrece canalizarlos a una escuela, la mayoría se niega a dejar de trabajar en las calles. Se desconoce si son los padres de estos niños quienes los obligan a trabajar o si carecen de familiares que velen por ellos.
ACUSAN FALTA DE APOYO A LA NIÑEZ
El presidente de la Comisión Independiente de Derechos Humanos (CIDH), José Martínez Cruz, criticó la actuación de las autoridades y la falta de políticas públicas para frenar o evitar el trabajo de menores en las calles y la explotación de los mismos.
Mencionó que la falta de atención ha incrementado el número de menores que van a las calles a trabajar vendiendo artículos, o como limpiaparabrisas y franeleros, entre otros oficios.
“Se ha demandado que las autoridades tengan una política; que no solamente los cuente, sino que los incluya dentro de políticas públicas para garantizarles derechos”.
Agregó que, desde su trinchera, se ha percatado cómo incrementa el número de menores en las calles.
Acusó que los niños se van a las calles porque no tienen opción, ya que no hay políticas públicas para atenderlos y, en ocasiones, la vía pública es lo único que les queda.
“La migración ha llevado a incrementar el hecho de que los niños queden en el desamparo, y otro fenómeno que hemos presenciado es que vienen de otros estados a trabajar aquí”, detalló.
Dijo que son las dependencias y los gobernantes los que no asumen su compromiso y, por otro lado, que organizaciones de la sociedad civil que cuentan con recursos para esto no apoyan realmente a los niños.
“Hay organizaciones que obtienen financiamientos públicos para atender este tipo de problemáticas, pero muchas veces estas organizaciones tienen mucho personal pagado para esto. Desafortunadamente, los beneficios no llegan a los niños”.
Añadió que esto no es privativo de líderes, sino también de grandes empresas que emplean a pequeños, a los que no les dan un sueldo y no les ofrecen seguridad social ni prestaciones.

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