Don Raúl Iragorri Aranda

Desde pequeño, en su natal Orizaba, mostraba sus dotes de vendedor en la primaria y en la secundaria, intercambiando en el recreo sus alimentos por las monedas de sus compañeros. Nació el 20 de enero de 1910 y su habilidad en el trabajo marcó el camino de toda su existencia. Al poco tiempo de haber llegado a Cuernavaca, en 1934, trabajó de comisario en el Ayuntamiento, fue distribuidor del refresco Orange Crush, concesionario y después copropietario de la fábrica de Cementos Moctezuma, Diputado Federal por Morelos y uno de los primeros fundadores del Parque Industrial: Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca (CIVAC).

Sus padres, don José Iragorri y doña María Aranda, originarios de España, llegaron a México a principios del siglo XX. Enviaron a Raúl a terminar la preparatoria a la Ciudad de México. El 16 de febrero de 1934, contrajo nupcias con la amable y bella Bertha Montoya Magaña, familiar de grandes estrellas de cine y teatro de nuestro País; procrearon 5 hijos: Raúl, Carlos, Bertha, María Luisa e Hilda, quienes le dieron 18 lindos nietos.
Cuentan que a los 19 años, Raúl medía 1.87 m de altura y lo apodaban “El hueso”. Él quería ser torero, y en una corrida de aficionados le hizo un “paso de pecho” a una vaquilla de 200 kilos a dos metros de distancia. Esa fue su primera y última incursión a la tauromaquia, pues comprendió que sería mejor comerciante que torero.
Su primer trabajo en Cuernavaca fue la de Comisario Municipal, durante la presidencia de don Matías Polanco, quien encontró en él a la persona justa y decidida para tal puesto.
Con la gran habilidad que lo caracterizaba para los negocios, consiguió la primera distribuidora del refresco Orange Crush en Cuernavaca y en 1950 le dieron la concesión de la paraestatal en manos de la Nacional Financiera (NAFINSA), de la fábrica de Cementos Moctezuma, la que estaba ubicada en Jiutepec, Morelos y que ayudó a desarrollarse por todo el centro del País, montando distribuidoras en la Ciudad de México, en Taxco, Iguala, Chilpancingo, Tierra Colorada, Zihuatanejo y en el hermoso puerto de Acapulco.
Posteriormente, la Nacional Financiera determinó vender la fábrica Cementos Moctezuma y don Raúl Iragorri Aranda, se asoció con el ingeniero Manuel Mariscal Abascal, quien al igual que don Raúl era un hombre de trabajo y de probada honestidad. Raúl Iragorri y el ingeniero Mariscal decidieron adquirirla, formando un buen equipo de trabajo.
Entre los beneficios sociales que Don Raúl efectuaba, era una costumbre ofrecer becas a los más destacados estudiantes de bajos recursos, para que ellos no dejaran de estudiar como lo hizo él, quien quería llegar a ser ingeniero y por necesidades económicas, no pudo continuar.
En 1970 mandó construir las plazas municipales de Xoxocotla y de Tlalquiltenango y de igual forma, en 1973 mandó pavimentar las calles de Jojutla, Xoxocotla, Tlalquiltenango y Amacuzac. En estas mismas ciudades construyó cinco escuelas primarias y tres secundarias. En estos lugares, por su bonhomía y desinteresada ayuda a la población, sigue siendo un hombre ampliamente recordado y querido por toda la comunidad.
En 1970 entró en el negocio de Bienes Raíces y entre varias propiedades, construyó el fraccionamiento “Tarianes” que se encuentra en el Paseo Cuahunáhuac de Cuernavaca. Más adelante edificó el fraccionamiento “El Bonete”, en Jojutla, Morelos.
Fue consejero de los bancos Nacional de México, de Bancomer y del Banco del Sur de don Carlos Novoa. Fungió como Secretario General del Sector Popular del PRI. Ahí se interesó en la carrera política, llegando a ser, diputado federal por Morelos durante el gobierno de don Emilio Rivapalacios. Fue el primer Director de Industria y Comercio del Estado. Sin embargo prefirió ser empresario, integrándose de nuevo a la iniciativa privada. Y fue así como se convirtió en uno de los creadores de la Ciudad Industrial de Cuernavaca (CIVAC), la cual trajo a Cuernavaca, tantas oportunidades de inversión e infinidad de nuevos puestos de trabajo.
Don Raúl Iragorri Aranda, falleció el 2 de noviembre de 1988 en Cuernavaca de una penosa enfermedad llamada polineuritis paraneoplástica, dejando en la mente de los cuernavacenses el ejemplo de un hombre entregado a su trabajo y de un exitoso empresario.

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